El calendario de siembra no es una tabla que se copia y se cuelga en la pared. Cambia con las lluvias, con las heladas tardías y con el estado del suelo. Lo que sigue es la versión que fuimos corrigiendo después de varios ciclos en el interior bonaerense, con las fechas que nos sirvieron y los errores que anotamos al margen.
Empecemos por el otoño, que es donde estamos parados. En marzo y abril conviene sembrar en almácigo acelga, lechuga mantecosa, rabanito y cebolla de verdeo. La acelga va a un centímetro de profundidad, el rabanito apenas a medio centímetro, y el riego con pulverizador dos veces por día alcanza mientras el sustrato esté tamizado. La lechuga mantecosa nos germinó pareja a los seis días, que es un buen número para tomar como referencia.
El error de esta temporada lo tenemos anotado con letra grande: el almácigo quedó a pleno sol de mediodía y varias plántulas se quemaron. Lo corregimos moviéndolo a media sombra, bajo el tinglado, y desde ahí el crecimiento se estabilizó. No es un detalle menor: en clima templado el sol de marzo todavía pega fuerte y las bandejas se secan rápido si quedan expuestas.
Mayo y junio son meses de espera. Se puede seguir sembrando en almácigo lo que después va al cantero, pero conviene no adelantar tomates antes de que pase el frío. Lo mismo con el zapallo: sembrarlo demasiado tarde es otro de los errores que repetimos. La temperatura mínima de la semana y una lluvia breve quedaron registradas en el cuaderno, y esos números son los que después deciden cuándo regar y cuándo esperar.
Queda pendiente el trasplante al cantero cuando las plántulas tengan cuatro hojas verdaderas. Hasta entonces, la rutina es simple: revisar humedad, mirar el color de las hojas y no tocar nada más. El calendario sirve como punto de partida, no como receta cerrada.