Somos un proyecto familiar en el interior de Buenos Aires. No hay una empresa detrás ni un equipo grande: hay una casa con patio, una huerta de estación que cambia cada temporada, un compostero que a veces se porta mal y un taller donde se arregla lo que se puede antes de comprar de nuevo. Lo que se publica acá es la bitácora de esa vida a escala humana, sin adornos y sin resultados inflados.
Cada entrada funciona como una nota de trabajo. Lleva fecha, medidas cuando las hay, el error que cometimos y la corrección que aplicamos después. Aprendimos a podar durazneros equivocándonos en el corte, a manejar gallinas ponedoras en un patio chico midiendo el espacio, y a conservar tomate en frascos que alguna vez se echaron a perder por no revisar la acidez. Escribimos eso también, porque la parte que salió mal es la que enseña.
Huerta y estación
Calendario de siembra para clima templado, fichas de variedades y registros de lo que efectivamente germinó, no de lo que debería haber germinado.
Oficios y taller
Compost domiciliario, poda de frutales de carozo, herramientas de mano y arreglos que se resuelven con lo que hay en el banco de trabajo.
Cocina de aprovechamiento
Conservas caseras de temporada y recetas pensadas para no tirar lo que sobra, con medidas y tiempos anotados a mano.
Clima y registro
Lluvia, temperatura y viento anotados todos los días. Esos números cambian decisiones concretas: cuándo regar, cuándo esperar, cuándo sembrar.
No prometemos rendimiento ni tenemos fórmulas mágicas. Si algo funcionó, contamos en qué condiciones funcionó. Si no funcionó, también queda escrito. La idea es simple: observar, probar y corregir, en ese orden.